domingo, 11 de mayo de 2014

Cínicos

En el metro voy leyendo un pequeño libro de Isaac Asimov que se titula Las palabras y la historia. Incluye voces tan variadas como izquierdista, cobra, mandarina o jaque mate. Asimov explica el origen de estos términos. Me ha impresionado la entrada de "cínico": 

"CÍNICO (...) Uno de sus discípulos, Diógenes, que vivió cerca de Corinto (véase Corinto) llevó estas doctrinas hasta el extremo. Vivía en la mayor indigencia para demostrar que no se necesitaban pertenencias personales para ser virtuoso. Ridiculizaba públicamente todas las costumbres sociales de la época, censurándolas y denominándolas hipócritas. 
Todos los hombres - decía - están forzados a ser deshonestos en sus ansias de riqueza y de confort; y para demostrarlo, iba cada día a la plaza pública, en plena luz solar, con un candil encendido: "Estoy buscando un hombre honesto", decía (...) 
Diógenes y sus sucesores amargaron la vida a la gente del pueblo. Gruñían y ladraban a todo lo que hacía la vida agradable, ridiculizaban todo lo que parecía apetecible y afirmaban que eran honestos, cuando los otros, en realidad, decían que simplemente eran groseros (...) según decían, eran como perros de vigilancia montando guardia delante de las virtudes."


Me ha llamado la atención porque he empezado otro libro - demasiado pesado para llevarlo en el metro - titulado La hoguera de las vanidades, en el que Tom Wolfe describe la hipocresía de los neoyorkinos blancos adinerados. Es una dura sátira que deja al descubierto la miseria moral de un forrado broker de Wall Street. Todo parece indicar que la vanidad y las apariencias son el motor de una sociedad donde la ética es un mero juego de palabras. El protagonista, Sherman McCoy es un cínico. Un cínico según la acepción de la RAE: " Que muestra desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables".

Me pregunto si no necesitaremos más cínicos griegos para acabar con los cínicos que define la RAE.
Quizá solo en ese cinismo encuentra el arte su relevancia social, su verdadera función. Quizá la cultura debe ser siempre grosera, siempre honesta, para cumplir su rol de perro vigilante.

3 comentarios:

andonibgon dijo...

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Tita dijo...

Interesante...

¡Gracias!

Marina Pereda dijo...

andonibgon, ¿no retomarás tu blog? no me creo que estés sin inspiración en París...

gracias Tita!