sábado, 22 de marzo de 2014

Uno. Goethe y Bradbury

"¡Ah! lo que yo sé puede saberlo cualquiera - mi corazón no es más que mío", dice Werther, dice Goethe.

El Goethe romántico, el que cuenta la tragedia de Werther y Charlotte, el que llevó a los jóvenes a suicidarse por amor, el del romanticismo de verdad y no de aquel otro, ya nos lo dijo. Que el mayor misterio y la mayor delicia y el más terrible peligro es descubrir que uno es uno y no otro. 

El Goethe desesperado, el del Fausto entregado a la vida, que quiere experimentar todo y todo a la vez, gritó "¡instante detente!" suplicando, angustiado y ciego, permanecer siempre ahí. Ahí donde uno olvida lo que sabe y no sabe, lo que entiende y no entiende, ahí donde uno es sin saber qué es.



En las poesías de Ray Bradbury también late el corazón de un hombre que ama irracionalmente, que busca a tientas, fragmentado; sabiendo que ser hombre quizá es ser varios. Ser varios para ser él mismo.

"Apaga la luz, después enciende una cerilla,
levanta la escotilla de la vieja caja de Pandora,
deja que salga la medianoche, emborráchate
de sidra de manzana al mediodía, de cerveza de trébol por la mañana,
sé el vagabundo de ambos tiempos:
el día que despega,
la noche que se mustia.
Pero por encima de cualquier cosa, comprueba
si son de verdad todos tus yoes internos.
(...)
Corre velozmente a través de la Nada.
¡Lo escribes o se olvida!"

Su obra se titula Vivo en lo invisible. Sus poesías son ligeras, son cantos a la risa y el agua, a la vida fugaz y al Dios que refugia. Bradbury no pesa. Vive en lo que no cambia, en lo que no camina ni se para, en el continuo suspenso, en la brisa callada.

"Siempre llevo conmigo lo invisible,
las cosas que sé pero no conozco 
y pretendo averiguar a tientas
en este país de ciegos
que es la mente y cada pensamiento 
y todo cambio climatológico interior. 
(...)
Grito ¡Detente! 
y el balón, en los versos,
se queda suspendido entre los árboles
para nunca bajar.
Así que ya ves, es cierto,
siempre llevo conmigo lo invisible
igual que tú lo llevas hecho visible en ti."

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Blow out the light, then strike a match,
lift hatch on old Pnadora's trunk,
let out midnight, then get drunk,
on moontime ciders, morning clover,
be the rover of both hours,
the day that sours,
the dark that tours.
But above all, listen, you,
to all your inner selves be true.
(...)
Run swiftly then through all that's Not.
Scribble it down! Or it's forgot!
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I carry always the invisible
the things I know but do not know
and try to find, with a blind hand
in that country of the blind
that is the mind and all its thought
and every inner change of weather.
(...)
I cry freeze
and the ball in a poem
stays suspended in trees
and will never come down.
So you see, it is true
I carry always the invisible to me
as you carry that invisible made visible in you."

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