lunes, 29 de julio de 2013

Adolescentes

Me gustaron muchos cantantes y actores. Incluso algún futbolista. Adoraba a Jane Austen y sus novelas ñoñas, tenía un par de fotos de Brad Pitt en las paredes de la habitación, me compré cedés de Alejandro Sanz, Avril Lavigne y Laura Pausini con mis ahorros, veía O.T., fui a un concierto de Andy y Lucas, vi mil veces Tú a Londres y yo a California aunque la confundía con Dos por el precio de una, y un día esperé a la salida del entrenamiento del Mirándes para que los jugadores me firmaran autógrafos.
De algunas cosas me arrepiento más que de otras.
Pero hay algo que nunca hice y que marca una diferencia sustancial: considerar a estos personajes públicos como a seres extraordinarios, dioses encarnados o ejemplos que imitar. Nunca lloré al verles, no se me ocurría (ni se me permitiría) perder clase para ir a sus conciertos, jamás empapelé la habitación ni el material escolar con merchandising, apenas me interesaba su vida personal y no cambié mi forma de vestir por la suya.
Lo que sí hacía era: escuchar las canciones hasta aprendérmelas de memoria (desgraciadamente, algunas aún siguen ahí. Los ríos de España no, pero el Tanto la quería de Andy y Lucas lo tengo pegado al cerebro sin remedio), grabar las películas de la televisión para verlas una y otra vez (oh, los VHS), leer la revista de la tele que venía con el periódico y discutir durante horas con mis amigas quién era el más guapo de los Backstreet Boys.
El "fenómeno adolescente" de obsesionarse con ciertos famosos, películas o libros es normal y necesario. Al menos significa que tienes aficiones, que conectas con la cultura de tu entorno y demuestra cierta capacidad de integración social. Lo ideal es que para los diecisiéis años haya desaparecido completamente.
Ahora bien, lo de las fans de Justin Bieber y Selena Gómez es otra historia.

¿Por qué nos torturas con estos temas, Marina? ¿No tenemos suficiente con twitter?

Porque me parece importante.
Me parece importante que nos demos cuenta de que la diferencia está en el marketing y en las grandes empresas que explotan el "fenómeno" hasta llevarlo a su extremo. Disney, la multinacional que llevó a la fama a Selena Gómez tiene: productoras, sellos musicales, distribuidoras, empresas de marketing, publicidad y merchandising, parques de atracciones, canales de televisión, teatros. Vivendi, dueña del sello musical Universal, productor del primer disco de Bieber, tiene: un canal de televisión, una productora y distribuidora de cine (Canal + Group), una productora de videojuegos y varias compañías móviles, además del mencionado sello musical.
Me parece importante que nos demos cuenta de que detrás de este control de la industria mediática hay un control cultural: editoriales, productoras, distribuidoras y sellos musicales no son otra cosa que libros, películas y música, que no son otra cosa que escritores, directores y cantantes, que no son otra cosa que personas con ideas y talento (cuestionable, de acuerdo, pero algo, algo, tiene que haber). Y detrás de este mercado de las ideas está el mercado de las personas.
Porque al final, a quien vemos, de quien nos reímos es de Selena Gómez y Justin Bieber. Como lo hicimos con las gemelas Olsen o Lindsey Lohan, que son hoy drogadictas, anoréxicas, alcohólicas y multimillonarias, que se alimentan de adolescentes que se alimentan de los medios que se alimentan de la drogadicción, de las adolescentes, del talento, de las ideas, de los grupos empresariales y de absolutamente todo lo que se ponga a tiro. 

Sí, siempre han existido los fans histéricos, el poder mediático, la obsesión por la pasta y la tontería en general.
Pero, comparando la situación actual con la de hace diez años, creo que:
Los adolescentes consumen demasiados medios, 
Los medios tienen demasiado poder,
Las estrellas adolescentes son absorbidas por los medios a una edad demasiado joven (los triunfitos al menos eran mayores de edad)
Los más perjudicados en todo esto son los famosos (carne de los medios) y la cultura (es decir, a la larga, todos).
El producto de intercambio en todo este drama son personas que representan ideas superficiales sobre el triunfo fácil, el sentimiento por encima de todo, el éxito asociado al dinero y a la fama, los cánones de belleza, el consumo como forma de vida y el sueño de vivir en una adolescencia perpetua. ¿Os suena de algo?
A mí sí. A mi me suena a revista de chicas, a serie de sobremesa y a comedia romántica americana. 
Sí, la mujer es el público objetivo de todo este engranaje maligno, pero de eso hablaremos en otro momento.
Os dejo con J.Lo

Sucedió en Manhattan, producida por Sony Pictures. 
Si quieres saber todo lo que tiene Sony Pictures, pincha, pincha.

PD: nunca imité a las Spice Girls en el patio del cole, que conste. Puro orgullo.

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