viernes, 10 de mayo de 2013

Teresa y Marina

En febrero de 2011 tuve la oportunidad de ir a Madrid. Visité ARCO, feria en la que me enfrenté por primera y única vez a las obras de Marina Abramovic. Es de lo poco que recuerdo de esta visita.
En concreto, registré este cuadro en la memoria
Y otro, Happy Christmas

Este último me causó un impacto muy fuerte cuando lo vi colgado en la pared: una tristeza profunda y pura, sin rastro de compasión, ni angustia, ni rabia. Una tristeza que ni siquiera buscaba consuelo. Solo ser expresada por el llanto, solo dejar que el cuerpo exprese un estado de ánimo.
No creo que las emociones sean irracionales, como a veces se suele defender. Pero en este caso es evidente. Porque esta emoción es una creación que exige un esfuerzo enorme de control mental y preparación física, para lograr una simbiosis inexplicable entre la profundidad del alma y la materialidad del cuerpo.
Se entiende mejor después de ver The Artist is Present, el documental en el que Abramovic explica cómo prepara una exposición en el MoMA de Nueva York. El momento culmen del documental y de la exposición llega cuando se sienta en una silla durante horas y horas mientras la gente pasa y se sitúa frente a ella, de uno en uno. Se miran y no se hablan, como en una oración silenciosa. La ausencia de palabras, la obligación de estar en una postura física determinada, el hecho de sostenerse mutuamente la mirada, hace que de forma inexplicable afloren las emociones. 
Creo que para entender a Marina Abramovic es indispensable entender el misticismo de Teresa de Ávila. A la fundadora de las Carmelitas Descalzas dedicó una exposición homenaje hace unos años. Llama la atención cómo la artista ha captado la esencia del misticismo de la santa, desprendiéndolo de todo elemento religioso. Entiendiendo "elemento religioso" como aquellos símbolos que hacen referencia a un conjunto de creencias concretas, a una doctrina o comunidad. Por supuesto, hay un enorme sentido espiritual en la creación de Abramovic, que hereda ciertos conceptos de la tradición judeocristiana y los une con filosofías y prácticas orientales. Un sentido de la trascendencia de la vida, que se interpreta desde la muerte y el sufrimiento.


Teresa de Ávila manifiesta reiteradamente en sus poemas deseos de morir, harta del peso de la vida que se vive lejos del amado ya que no puede contemplarlo como quisiera, y describe su existencia en la tierra como una forma de expiación.
Lúgubre es la vida,
amarga en extremo:
que no vive el alma
que está de ti lejos.
¡Oh dulce bien mío,
que soy infeliz!
Ansiosa de verte,
deseo morir
La santa era aficionada a los relatos de caballerías. Este hecho, unido a su fe católica, podría hacernos pensar que tenía una visión romántica de la muerte, quizá como de héroe que se sacrifica para que otros vivan, o la muerte como solución a una vida absurda y sin sentido. No. Me parece que Teresa era, como buena castellana, realista. También como buena realista se daba cuenta de la limitación del mundo y la sed de trascendencia que habita en lo más profundo del hombre. Y no le preocupaba mostrarlo, gritar desesperada porque ya había encontrado lo que amaba y no podía tenerlo en el grado que quisiera, sofocada por el ansia de plenitud. 
Sin embargo, aunque muchos de sus poemas se refieran a la muerte, su prosa se nutre sobre todo de hechos de su vida, que fue emocionante, afrontó las dificultades con una serenidad envidiable, y cierto humor. Fue ella quien compuso una oración para pedir a Dios que acabara con la plaga de insectos que asediaba su convento. Fue ella quien dijo que "Dios anda entre los pucheros", y puede que de ahí tomara Abramovic la idea para representar a Teresa de Jesús en arrebato místico junto a los fogones. En ese cuadro, conviven lo incomprensible y lo ordinario. El éxtasis no deja de ser un fenómeno inefable en el que el cuerpo reacciona elevándose, siguiento el arrobamiento del espíritu. Una vez más, aparece en Abramovic el interés por la relación entre materia y alma, entre lo externo y lo interno, la vida y la muerte, fenómenos que no pertenecen al tiempo, porque no hay una cronología en lo físico y lo espiritual, sino que pertenecen al espacio, porque se dan simultáneamente, siempre en presente. Que muero porque no muero. De ahí la necesidad de expresarlo en una performance.

Ambas artistas, la del medievo y la contemporánea, poseen preocupaciones comunes y, aunque su forma de expresarlas es totalmente distinta y muchos enfoques difieren, podría decirse que Marina Abramovic se ha nutrido de ciertos temas de Teresa de Ávila y ha imitado aspectos incluso de su estilo de vida. La santa vivía en un convento en régimen de pobreza radical, sufrió hambre e incomprensión, y la nueva orden que fundó aseveró la regla Carmelita. En cierto sentido, la propuesta de Abramovic es semejante. Habla de sufrimiento, de ayuno, de soledad, silencio y dolor físico, somete a sus colaboradores a ejercicios físicos y les aísla de todo contacto con el mundo, para alejarles del ruido y el hedonismo, para que lleguen a un estado de contemplación.
En un momento del documental, un mago propone a Marina colaborar en su exposición. Ella se interesa por la propuesta, pero al pedirle opinión a su "hombre de confianza", éste se niega. Porque no entiende - y con razón - qué pinta la magia en una obra como la suya, que se enraiza en la realidad, en lo vivido y en lo que se está viviendo en el presente, sin ningún artificio.
El mundo, con su limitación y sus guerras, con su crudeza y su incomprensión, con su silencio y sus lágrimas tristes no causadas por motivos externos, es transformado en el corazón de Santa Teresa en un torrente de oración, expiación y súplica amorosa a la divinidad, mientras que Abramovic lo convierte en una experiencia de intercambio, físico y emocional, con el público. Ambas se presentan dispuestas al sacrificio, ambas exponen su intimidad y ambas viven de la esperanza de que al entrar en contacto con "el otro" llegarán a un estado superior del espíritu.
A pesar de que en algunos aspectos entiendo mejor a Abramovic - también porque su obra es directa  y explícita - he de reconocer que la literatura de la santa tiene un lirismo más profundo, una densidad mayor, porque está en continuo diálogo con el más allá. Cuando uno se topa con la experiencia de la fe, se entra en el misterio, el milagro, lo sobrenatural, lo incomunicable.
Teresa es difícil pero imprescindible para entender a Marina.

1 comentario:

Raquel Cascales dijo...

Estuve contigo en esa visita. Creo que recuerdo alguna obra más, pero desde luego, Marina fue un descubrimiento. Hace unas semanas también vi el documental. Es lo más impresionante que he visto en meses, en cuanto a documental. En cuanto a arte, quizá sea lo más impresionante que se ha hecho en años.

La comparación con Teresa, como si fuera nuestra amiga, está bien traída. Lo cierto es que Marina tiene una fuerte espiritualidad, por eso sus performances tienen tanta fuerza. No obstante, la comparación llega hasta donde llega, ya que Teresa no es una artista, ni lo que transmite es algo así como una elaboración suya.

En cualquier caso, hay que seguir dándole vueltas.
Un abrazo!