jueves, 2 de mayo de 2013

Historias e historia de la vida y vidas

"Years ago, we were all great story tellers because, as I said before, we had no television, no radio, nothing (...) Actually, people... they used to come to the house and told stories (...) real stories, that you had to believe them or not."
"Hace años, todos éramos grandes contadores de historias porque, como ya he dicho, no teníamos televisión, ni radio, nada (...) De hecho, la gente... solían venir a casa y contaban historias (...) historias bien contadas, que tenías que creer o no."

Son palabras de Charles Scorsese en la película documental Italoamericano (1974) filmada por su propio hijo, Martin. Este documental, de apenas 50 minutos, llama la atención por su sencillez. La madre, Catherine, prepara unas albóndigas con salsa. Durante la comida, los padres van desgranando sus recuerdos, anécdotas e historias como inmigrantes italianos en Estados Unidos. La película parece un homenaje a esas narraciones orales que, como la palabra hablada, está viva, palpita, solo existe cuando es dicha y cambia con el tiempo. Generalizando, podría decirse que es el documental el género que más respira vida, que permite que entre aire, que acepta los titubeos, las dudas, la exageración, los fallos, el recuerdo de una persona, un momento, que se teje con otro y otro y otro, como se va tejiendo el tiempo. Lo opuesto, sería el cine de ficción donde todo está guionizado, cerrado desde el principio, muerto simplemente por estar escrito. Quizá por eso la máxima aspiración de un guionista no sea crear buenas historias sino historias vivas. Ahí lo dejo.

Italoamericano no es, por tanto, una resurreción, sino un despertar de historias dormidas en la memoria de sus protagonistas. Al poner la cámara frente a sus padres, Martin Scorsese parece invocarlas, sin apenas decir nada. A veces esto sucede: se enciende una cámara y quien está delante empieza a hablar, a contar algo sencillo, como la receta de una salsa, por ejemplo. Poco a poco, un buen director transformará ese monólogo en conversación, equilibrará esas ideas que van de lo más prosaico a lo más profundo. Hago aquí un paréntesis para explicar que esta comparación ("ir de lo más prosaico a lo más profundo") tiene un doble significado. Prosaico significa "insulso, vulgar"; es decir, se habla de asuntos ligeros en el documental, y también de otros de más peso. Prosaico también tiene la acepción de "perteneciente a la prosa". Catherine y Charles Scorsese hablan rápido, con la agilidad propia de los italianos, se interrumpen continuamente como acostumbran los matrimonios; sin embargo, al final de la película, a partir del minuto 45:46, hay silencio y ella, Catherine, explica con emoción, con un ritmo distinto al anterior, con una entonación concreta, casi como recitando, una emotiva anécdota sobre su madre, que acaba con unos árboles en invierno que nunca volvieron a florecer. Hay un paso de la prosa a la lírica

En realidad, lo que hacen los Scorsese es enseñarnos a mirar. En esta película, detrás de cada anécdota, vemos los lazos unidos de una familia, vemos vidas cotidianas narradas con comicidad en circunstancias que no lo fueron y, sobre todo, vemos una identidad.
La identidad de una familia que, en el director, está unida a su identidad cinematográfica. Su herencia de la tradición italiana y la americana, del documental y de la ficción, aparece fusionada en muchas de sus películas, creando obras admirables y, siempre, entretenidas.
En Mi viaje a Italia, también conocido como El cine italiano según Scorsese, el director hace un viaje desde el cine italiano del pasado, al presente. Vuelve la vista a atrás, como en Italoamericano, para encontrar inspiración en sus raíces, para explicar un cine moderno desde los clásicos. En un momento dado,  hablando sobre el neorrealismo, que considera "el momento culmen de la historia del cine", parafrasea a Fellini con estas palabras: "dijo (Fellini) que Rossellini sabía lo que buscaba durante este rodaje. Sentía que debía encontrar una nueva forma de contar una historia en la que nada estuviera embellecido ni idealizado artísticamente, en la que todo pareciera tan sencillo como la vida propia." Luego afirma "necesitaban (los neorrealistas) borrar la barrera entre el documental y la ficción, y en el proceso, cambiaron las reglas del cine." Creo que, en su mezcla de ficción y realidad, Scorsese no hace otra cosa que lo que le explicaba su padre: contar buenas historias, historias vivas, abiertas al espectador, que puede creerlas o no.

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