domingo, 14 de abril de 2013

Tres libros, un viaje

Tres libros distintos que he leído recientemente. 
El primero, fragmentos de relatos; el segundo, una especie de diario novelado; el tercero, un ensayo.
Los tres, escritos por Enrique Vila-Matas.
Los tres, leídos en medios de transporte: autobús, metro y tren.
Los temas que tratan se repiten, añadiendo algunos, investigando nuevos enfoques, pero casi siempre los mismos, de forma obsesiva.  

La literatura. Desde el escritor, desde el lector y desde el lector-escritor que se encuentra atrapado en ella, buscando adónde va. Adónde va ella y adónde va él. En Una casa para siempre, el protagonista es un actor de un espectáculo de variedades que tiene un muñeco. Un muñeco que habla por él mientras él mismo va perdiendo su voz. En El mal de Montano, un editor enfermo de tanto leer, incapaz de pensar en otra cosa que no sean libros y referencias literarias. En Perder teorías, un escritor invitado a una conferencia que escribe una teoría de la novela en servilletas de papel. 

La desaparición. Siempre hay un viaje, en todos los libros, un viaje hacia algún sitio donde poder desaparecer, pasar desapercibido, irse sin hacer ruido. Dejar de ser uno mismo, porque las voces de otros le atrapan, o porque se oculta bajo un seudónimo, o porque se olvidan de él en un hotel de Lyon. Desaparecer frente a los ojos ajenos como única forma de ser auténtico.

El viaje. Ligado a la búsqueda y a la desaparición, la mayoría de veces entendido como huida. Pero no es una huida sin más, habitualmente es una vuelta hacia algo conocido, hacia la casa propia donde, sin embargo, no se encuentra el sosiego deseado. El viaje en Vila-Matas describe más el ansia de la cotidianeidad que el disfrute de esta, que es, en realidad gris, densa y larga.

La espera. Se revela como el sentido de todo. Algo que se intuye que va a pasar, pero nunca se tiene una certeza segura, algo que puede ser o no ser, pero en cualquier caso va a llegar. Y la única actitud posible ante la llegada es la de esperar. Entender la espera es entender la vida. Está más desarrollado en Perder teorías.
Leer, desapareciendo entre la masa, viajando de vuelta y esperando a que llegue el metro, en uno de los actos más cotidianos de nuestra época hace sentir no solo que una tiene en sus manos la nueva novela española del siglo XXI, sino que la literatura puede ser - como se intuye en El mal de Montano - encarnada. Leer en los medios de transporte hace entender la literatura a través de los sentidos.

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