domingo, 2 de diciembre de 2012

JUNK JUNCTION

Estaba hambrienta y el único sitio de comidas que había visto abierto esa noche era aquel antro, Junk Junction, escrito en letras blancas sobre la bandera de Jamaica. ¿Aquí? Aquí.
Luz fluorescente que parpadea.
Reggae.
Unas cazuelas enormes, cilíndricas, del tamaño de un niño de siete años, en el fondo del local. La cocinera negra, tarareando la canción, remueve algo en el fuego y se acerca a la barra, que parte la estancia por la mitad. Coge un envoltorio de corcho de la montaña del "take away" y pone la carne, el arroz, las alubias. Luego la salsa. Luego, la otra negra, con gafas y un gorro con orejeras envuelve el paquete con plástico. Una vuelta, otra vuelta, la salsa marronácea gotea un poco, otra vuelta. Y corta el plástico con las uñas.  Unas uñas oscuras y afiladas.  
Pegada a la ventana del local, una mesa larga con un taburete alto. No es el típico sitio en el que uno quiere quedarse a comer. Es feo y no hay nada. Solo las cazuelas, las negras, los corchos y la mesa. Y la radio. 
"¿Denisse, love, quieres que te ponga la salsa en la carne o te la llevas...?"
"No, no, me la llevo, envuélvemela"
Saca un vaso de cartón, de los del café y ahí cae la salsa verde oscura, que salpica un poco fuera del vaso. Lo tapa y la otra negra lo envuelve en el plástico. Una vuelta, dos, tres.
Mientras Denisse, que lleva una lista escrita en un trozo de papel marrón - probablemente una bolsa, o el envoltorio de algo - habla con ellas. Denisse es negra también y tiene más ojos que cara. Unos ojos muy grandes, redondos, negros.
He visto esos ojos. He olido esa salsa. He sentido esa luz fluorescente.
Nueva York. El Harlem. Años 80. Acabo de perderme en el tiempo y el espacio.
"Perdona, ¿has pedido ya?"
"Ah, eh... no. Lo siento"
"¿Qué quieres?"
"... Mire, no tengo ni idea de qué pedir y la verdad es que me da igual"
La negra del gorro con orejeras me mira y sonríe, con cariño, con algo de compasión. "Pobre blanca que no entiende de qué va el mundo" y yo sonrío un poco también "sí, esa soy yo, qué le vamos a hacer".
Decide que hoy voy a cenar cabra al curry.
A mí me da igual. Como si es rabo de mono. 
Hay lugares, hay personas, que cuando se encuentran, dejan de ser lugares y personas.
Junk Junction no es Manchester ni un sitio de comida jamaicana ni una señora negra que canta reggae.
Es una experiencia universal.
Es exodus.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ai laik

Bgon

Marina Pereda dijo...

gracias! gracias!
estaba ya preocupada... esta entrada ha pasado sin pena ni gloria, sin feedback ninguno, sin insultos ni alabanzas. Nunca sabré el secreto para triunfar en las redes sociales. Damn it!