sábado, 15 de diciembre de 2012

El zoom en la herida

Entrada dedicada a Rocío

Hacía tiempo que estaba pensando en escribir un post sobre el sufrimiento. Más concretamente, sobre la representación del sufrimiento. 

En junio vi la película El Árbol de la Vida. Hace poco, leí La Naranja Mecánica, que me hizo reflexionar sobre la violencia. Llegué a la conclusión - bastante obvia, por otra parte, pero voy poco a poco - de que la violencia y el sufrimiento se relacionan pero son dos conceptos distintos. Luego, me enzarcé en una pequeña discusión sobre algo que compartió un amigo de la carrera en su muro de Facebook. Era una entrevista al hermano de una de las chicas que murió en el Madrid Arena. Ahora, Newtown.

Así que tengo mil ideas en la cabeza, entre realidad, ficción y periodismo - que, lo queramos o no, es una mezcla de las dos. Porque coge la realidad y te la vuelve a contar. Y cuando uno cuenta algo, re-presenta, vuelve a hacerlo presente, pero no es la realidad misma.  

Parece que quien mejor informa es quien tiene el primer plano, el zoom en la herida. Si cada plano que se filma, cada foto que se toma, cada línea que se escribe fuera ponderada como una cuestión moral, creo que tendríamos una cultura (visual, intelectual) que de verdad nos ayudaría a vivir. Al menos, a quien hace la foto, escribe la frase o graba la imagen. Y eso ya sería un paso.

Se nos olvida - se les olvida - que el sufrimiento es un misterio y que entender las reacciones ajenas ante un mismo suceso, es el proceso de catarsis más difícil que existe ("yo no hubiera hecho eso", "no hay que ponerse así", "si yo fuera él...") Toda representación debería ser consciente de ese misterio. Así en lugar de lanzarse sobre él para rajarlo, destriparlo, empaquetarlo y etiquetarlo para que no dé miedo, para que no parezca incontrolable, nos iríamos aproximando a él poco a poco, intentando entender y buscando la mejor forma de acercarse a los sentimientos del otro. No a nuestra visión de como "debería" sentir el otro.

El mejor periodista no es siempre el que corre hacia la noticia, pisando todo lo que encuentra en el camino. A veces es el que calla, observa y, donde otros ven una carrera de obstáculos, él ve pistas que ir siguiendo. Quien más sufre no es siempre quien más grita.


En 2010 estuve en el nuevo edificio del New York Times. En una pared enorme tenían varias fotografías del 11-S. Muchas correspondían al "imaginario colectivo" que ya todos tenemos en la cabeza de aquel día: humo, gente gritando, muy pocas heridas (sobre todo comparadas con las que solemos ver de los atentados en Oriente Medio) pero muchas camillas, edificios, banderas, bomberos. Cuando, en el NYT, volví a ver aquellas imágenes que tanto me impactaron en el día del atentado, no me causaron tanto efecto como otra bien distinta: era una imagen de un policía (un alto cargo) durante el funeral o recuerdo de las víctimas. Impoluto, con su traje oficial, haciendo el saludo militar, con un guante blanco y los ojos cargados de lágrimas. No lloraba. Pero el sentimiento de tristeza e impotencia, de rabia contenida y desesperación, era evidente. Comprensible. Contagioso. De pronto, años después, una fotografía tomada días después del atentado hizo que entendiera por qué Estados Unidos necesitaba vengarse de aquel ataque. 

Cuando se nos informó del 11-S no se nos transmitió la imagen de un policía incapaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos, fracasado, humillado. Se nos transmitió una imagen estereotipada de lo que todos entendemos asociamos a "atentado". Por eso nadie jamás entendió que los americanos apoyaran la guerra. 

No digo que esté a favor de lo que pasó (lejos de mí apoyar cualquier política internacional de Bush, ¡lejos!)
Digo que no se nos hizo conscientes de lo que sentía el pueblo americano en ese momento. El sufrimiento de cada persona, de cada estado, de cada sociedad, de cada momento, es distinto. Los medios no supieron comunicar ese matiz. El matiz del día después. Que parecía indiferente, que se daba por hecho, pero que explica el apoyo a una guerra y la venganza. 
Cuando se nos habla de las guerras (sobre todo de las que caen en la otra punta del mundo), de las tragedias (como Fukushima) se nos habla de política o, como mucho, se acumula un testimonio tras otro, creando sentimientos de cartón piedra en el espectador / lector. Narrar el dolor compromete al periodista, le involucra. Y uno no puede involucrarse. No puede sentir. No vaya a ser que el misterio sea demasiado grande. No vaya a ser que no pueda entenderlo. No vaya a ser que tenga que escribir algo desde dentro, con su propia sangre. El periodismo está perdiendo entrañas.

Sé que es una tarea difícil, por eso admiro a quien se la carga sobre la espalda, y admiro doblemente a quien se esfuerza por hacerlo honradamente. Es una tarea para valientes que no hacen un zoom sobre la herida, sino que caminan y se paran ante ella para observarla cara a cara.

4 comentarios:

Raquel dijo...

Creo que aquí hay más de un tema, ¿no? ¿Estamos equiparando arte y periodismo? ¿No, verdad?

Quiero decir que me parece distinto cómo juzgar la moralidad de las noticias y del arte. El periodismo habla de la vida, de la vida generalmente que acaba de ocurrir, muestra la herida real, como dices. Por eso cuando leemos el periódico uno dice "qué mal está el mundo", "qué desgracia".

Lo que ocurre en el arte es distinto. Su moralidad es interna. Una novela puede contar cosas horribles y no ser inmoral. Su moralidad no está en el qué sino en el cómo.

Y ahí enlazo de nuevo con el periodismo y el 11S. Aunque en periodismo también tiene mucha importancia el cómo, lo importante es qué se cuenta. Qué se decide contar (y que no, claro). Cada vez tenemos más conciencia de que hay muchas cosas que no se nos cuentan, pero a veces no es sólo manipulación sino falta de distancia. Para saber "interpretar" lo importante, para saber qué es más relevante necesitamos perspectiva. Supongo que los periodistas del 11S no la tenían o no podían tener, al menos, la que tú tenías en la exposición.

En cualquier caso, siempre es duro acercarse al dolor, más cuando se hace voluntariamente. Por eso, creo, es tan importante aprender a tomar distancia.

Marina Pereda dijo...

Estoy de acuerdo en lo que dices y puede que haya exigido al periodismo algo que no le corresponde.

No creo que el problema sea tanto la manipulación sino la distancia. El periodismo es datos, pero también historias, contexto y medida. Hay periodistas que no quieren mancharse y hay otros que se regodean. Como siempre, se trata de ponerse a la altura y a la distancia adecuadas que necesita la noticia en cada momento. Es difícil determinar cuál es, pero creo que al leer el periódico o ver las noticias se aprecia que hay quienes lo hacen mejor y quienes no. Y aunque no creo que el periodismo sea arte, sí creo que debería hacernos más comprensivos.

En parte, esta podría ser una diferencia entre periodismo y arte, ¿no? El periodismo reclama, necesita, que el receptor entienda e interprete la noticia en la clave correcta. Al artista -en teoría- no le preocupa, él crea y "que cada uno piense lo que quiera". En ese sentido, por mucho que queramos, al leer una noticia no podemos "interpretar como queramos", sino que está el pacto de lectura, dependemos del periodista y de su fidelidad a la realidad. Entendiedo por realidad no solo los datos sino la complejidad de todo lo que "ha pasado".

No sé si he aclarado más el post, o lo he liado más. En cualquier caso, sigo pensando, que es lo bueno. Gracias Raquel!

María Victoria dijo...

Me ha gustado mucho el post, Marina! Gracias, siempre me haces pensar! ;)

Este tema es algo que yo también me planteo a diario. El periodismo debe ayudar a las personas a entender la realidad y para eso debe buscar las pistas necesarias que pongan en contexto cada suceso y ayuden al lector a interpretarlo por sí mismo, sin que sea el periodista el que diga lo que hay que pensar sobre ello. Somos meros intermediarios entre la actualidad y los usuarios de los medios. El problema viene cuando el intermediario pierde distancia como tú dices, y deja de estar en medio para esta de un lado (del más fácil o del más rentable). Aunque si puedo aportar algo a esa afirmación es que la mayoría de las veces lo que el periodista pierde principalmente es la motivación para investigar cada hecho por no tener las condiciones (laborales) para hacerlo ni el respaldo de directivos comprometidos con la verdad y no con el gobierno o los intereses financieros de sus empresas. EL problema no son tanto los periodistas individuales, sino el sistema económico y empresarial bajo el que hasta hace poco se veían obligados a trabajar (Con Internet, habrá cambios en ese sentido).

Justo ahora estaba leyendo este artículo: http://www.portalcomunicacion.com/lecciones_det.asp?id=21

En la página 11 habla justo de cómo el New York Times y el Washington post tuvieron que pedir perdón por su forma de cubrir la guerra de Irak. La que versión oficial sobre la necesidad de esa guerra fue la que imperó en las páginas de los que se suponen los mejores periódicos norteamericanos (mi pregunta es, ¿buscaban identificarse con el sentir de la sociedad americana o con los fines políticos de Bush? ¿las dos cosas? ¿o ninguna de ellas y su formar de trabajar fue producto de su propia rabia?). La cuestión es que lo hicieron mal, pero al menos lo reconocieron.

Si sigues hacia la página 12, lo positivo es ver que siguen existiendo periodistas y periodismo comprometidos con la verdad y hay asociaciones que se dedican a investigar aquellos temas que los ciudadanos detectan que los medios no están investigando a fondo. Lo malo es que dudo que esas asociaciones tengan tanta influencia como puede tener una cabecera como el Times...

Sinceramente, creo que no todo es culpa del periodismo. Hay quien dice que la sociedad tiene el periodismo que se merece, igual que tiene la política que se merece. No estoy de acuerdo con esa afirmación, pero sí creo que también tiene que ser la sociedad la que se comprometa en la búsqueda de la verdad, la que quiera entender, y la que no se deje llevar únicamente por estados emocionales (muy lícitos y dignísimos de comprensión, pero emocionales).

Bien, por acabar de forma positiva: creo que la evolución de la sociedad del conocimiento hará a los ciudadanos mucho más exigentes con aquella información que consumen. Aunque solo sea por motivos económicos, espero que los grandes medios se planteen que va a ser necesario que el periodismo que hagan sea de calidad si quieren seguir contando con la confianza de tantos lectores como han tenido hasta el momento, dado que la competencia y las opciones de información eran todavía limitadas. Pero eso se ha acabado ;)

y cierro el pico, porque he perdido completamente la perspectiva... voy a seguir con la tesis que es lo mío, ¡perdona por inundarte el blog! :P

Marina Pereda dijo...

Maria Victoria, ¡bienvenida al blog! y muchas gracias por comentar. Me alegro mucho de que se escuche la opinión de una periodista. Estoy de acuerdo contigo en lo que dices, aunque siempre me sorprenderá que en la escala de valores de un periodista -ante una situación trágica- tengan prioridad los intereses económicos o partidistas. También sé que no se puede generalizar y que la situación económica y laboral de nuestros medios son como son.
Respecto a Internet, no sé si va a ayudar a mejorar el periodismo o todo lo contrario. Especialmente al tratar estos temas, porque reclama tanta rapidez, tanta información en tan poco tiempo, que no sé dónde queda la reflexión y el distanciamiento del periodista. Y mezcla esferas públicas, privadas... con una facilidad asombrosa (el facebook del presunto asesino de Newtown, por ejemplo). Pero es verdad que Internet favorece la diversidad de medios y hace que - como bien dices - la persona que busca, pueda encontrar. Creo que quien haga buen periodismo off line, hará buen periodismo on line... pero esto lo tendrás que demostrar en tu tesis!