sábado, 22 de septiembre de 2012

Percepción


Un rayo de luz te taladra el párpado izquierdo. Notas cómo te arde la retina. El reloj marca las 7.30 a.m. Es sábado. En cualquier ciudad de cualquier país del Mediterráneo la reacción normal hubiera sido soltar un par de tacos, arrebujarse de nuevo y tratar de conciliar el sueño.
Pero esto es Manchester.

Te levantas de la cama de un salto. Pones la radio a todo volumen y suena Summer of 69. Imitas a Bryan Adams con una guitarra imaginaria mientras bajas la escalera en pijama. La hierba del jardín de atrás está más verde que nunca. Contemplas ensimismada las gotas de rocío en las hojas de los árboles a través del cristal de la cocina, bebiendo sorbito a sorbito un zumo de naranja. Un gato ronronea. Y piensas "ya era hora de que saliera el p. sol en esta p. ciudad".

Los dos tacos mañaneros no me los quita nadie, pero la verdad es que ha sido un día muy bonito, qué queréis que os diga. Y he aprovechado para ir a Fletcher Moss Park. Un jardín botánico enorme que está a veinte minutos de donde vivo, en Didsbury. Otro día os hablaré de Didsbury, porque en realidad esta entrada no tiene nada que ver con Manchester, ni pretendo describiros todo el jardín, ni contaros batallitas de guiri en apuros. Quiero escribir sobre el libro de Salinger, aquel del que os hablé la semana pasada.

Pero para los curiosos que se quedan con las ganas de ver el parque, dejo un breve reportaje gráfico, más currado que el anterior, conste en acta. 
Los interesados en mi pedrada sobre el libro, podéis ir directamente al texto del final.












En Raise High the Roof Beam, Carpenters. Seymour: an IntroductionSalinger dedica ochenta páginas para describir a Seymour según el punto de vista de su hermano menor, Buddy, que aún está superando el suicidio del que, según él, era un auténtico poeta. Aunque no hubiera escrito una línea de poesía.

"I said that not one God-damn person, of all the patronizing, fourth-rate critics and column writers, had ever seen him for what he really was. A poet, for God's sake. And I mean a poet. If he never wrote a line of poetry, he could still flash what he had at you with the back of his ear if he wanted to".

La primera parte del libro sigue una estructura más o menos cronológica, pero la segunda parece más un ensayo que una narración propiamente dicha. En un momento dado, Buddy cuenta la influencia que la poesía japonesa y china tuvo en su hermano Seymour. Entonces hace la siguiente reflexión:

"It's generally agreed that Chinese and Japanese poets like simple subjects best, and I'd feel more oafish than usual if I tried to refute that, but 'simple' happens to be a word I personally hate like poison, since - where I come from, anyway - it's customarily applied to the unconscionably brief, the time-saving in general, the trivial, the bald, and the abridged. My personal phobias aside, I don't really believe there is a word, in any language - thank God - to describe the Chinese or Japanese poet's choice of material."

La idea central es que la diferencia entre los poetas no está en los temas que tratan sino en su forma de percibir la realidad.
Y pensando en estas cosas en Fletcher Moss, me he acordado de los poetas metafísicos ingleses que estudié en clase de Literatura Inglesa. En concreto, de un poema de William Blake sobre un cordero, y de John Donne.
Aunque me encanta el poema del cordero, creo que este de Donne viene que ni pintado para ilustrar la teoría de la percepción.

Comparad lo que piensa el común de los mortales con lo que pensaba John Donne mientras el rayo de sol le taladraba el párpado. En inglés.


LA SALIDA DEL SOL
Viejo necio afanoso, ingobernable sol,
      ¿por qué de esta manera,
      a través de ventanas y visillos, nos llamas?
      ¿Acaso han de seguir tu paso los amantes?
      Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien
     a tardos colegiales y huraños aprendices,
      anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza,
      ordena a las hormigas que guarden la cosecha;
      Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones,
      de horas, días o meses, los harapos del tiempo.

¿Por qué tus rayos juzgas
      tan fuertes y esplendentes?
      Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo,
      que más no puedo estarme sin mirarla. 
      Si sus ojos aún no te han cegado,
      fíjate bien y dime, mañana a tu regreso,
      si las Indias del oro y las especias
      prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen.
      Pregunta por los reyes a los que ayer veías
      y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho.

Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes,
      y fuera de nosotros nada existe;
      nos imitan los príncipes. Comparado con esto,
      todo honor es remedo, toda riqueza, alquimia.
      Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros,
      luego que a tal extremo se ha contraído el mundo.
      Tu edad pide reposo, y pues que tu deber
     es calentar el mundo, con calentarnos baste.
      Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar,
      este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. 
John Donne

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