sábado, 4 de febrero de 2012

Hombres - orquesta

Mary Poppins fue mi película favorita de la infancia. El personaje que más me gustaba era Bert (Dick Van Dyke), el tipo que se ganaba la vida haciendo cualquier actividad que le diera de comer. Me fascinaba porque sabía pintar, cantar, tocar instrumentos, deshollinar chimeneas, montar a caballo... y siempre tenía alguna aventura en mente, para ganar unos peniques y para seguir sonriendo.


Aunque ahora se me hace casi imposible ver Mary Poppins, aún conservo cierta afición por los musicales pero desde West Side Story no he vuelto a encontrar ninguno que realmente me emocione. Hoy, muchos protagonistas de comedias musicales son adolescentes que cantan, bailan y actúan sin saber hacer ninguna de las tres cosas. 
Para un actor, un musical exige una gran preparación física y mucho talento; para un director, una planificación y puesta en escena más propia del videoclip o de los espectáculos teatrales, que debe insertarse en una narración convencional; para un guionista, un quebradero de cabeza, ¿dónde introducir los números? ¿hacen avanzar la historia? y para un compositor...
Por eso, cuando se acierta en todos estos elementos, los musicales nos fascinan; cuando las canciones son ingeniosas, sonreímos; cuando los actores brillan, nos convencemos de que quizá las comedias musicales no son un género menor, de que quizá son un tipo de arte al alcance únicamente de unos pocos, aquellos que nacieron con el don del hombre-orquesta.

Aquí traigo algunas muestras de estos privilegiados.

Fred Astaire. Este fragmento es de la película Second Chorus (Al Fin Solos). Astaire interpreta a un estudiante de trompeta que, junto con su compañero (Burgess Meredith) intenta triunfar en el mundo de la música y en el amor. Pero pronto, su amigo se convertirá en su rival. El Hollywood clásico en esencia: sombrero de copa, claqué, lentejuelas... aun representando a un estudiante en apuros económicos y amorosos. El glamour.

Charlie Chaplin. Es el mendigo por excelencia, el superviviente, la felicidad agridulce y la melancolía. Es realista y, al mismo tiempo, profundamente imaginativo. Siempre trajeado, como Astaire pero mucho más humilde, sin ese resplandor hollywoodiense. La letra de esta canción no significa nada, simplemente suena a francés o italiano. Pura invención de Chaplin. La imaginación vuelve a sacarle del apuro de la realidad.

James Cagney&Bob Hope. Si el contenido de la canción de Chaplin era puramente accesorio, un juego, aquí los comentarios entre los bailarines y actores son fundamentales. Juegos de palabras, frases con doble sentido, ingenio y bromas rápidas, típicamente americanas, a las que quizá ya estamos acostumbrados y que, sin embargo, difícilmente alcanzarán el nivel de Bob Hope. Este magnífico actor y humorista presidió la ceremonia de los Oscar durante dieciocho años, aunque nunca obtuvo ninguno.

Billy Chrystal. Aunque no pertenece a la época dorada de los musicales, lo traigo aquí porque me parece un cómico espectacular. Me gustan especialmente sus presentaciones de las galas de los Oscar, porque me parece que en ellas recoge todo lo que el Hollywood clásico y la Academia representan: talento, glamour, esfuerzo, ingenio, dinero, supervivencia, rivalidad, felicidad a medias y chistes, sobre todo chistes. Y este año vuelve a presentar. Esta es la presentación del año 2000, en la que incluso lleva un bastón como el de Fred Astaire, pero os recomiendo ver todas.
No sé si esta época de los musicales y los hombres-orquesta ha pasado. Ahora, parece que The Artist quiere recuperar su espíritu. Muchos han alabado la idea, pero me da la sensación de que es algo anacrónico, un esfuerzo inútil por traer el pasado a nuestros días. Como si uno se empeñara en disfrutar de Mary Poppins como cuando tenía ocho años.

2 comentarios:

Miss RR dijo...

En eso tienes toda la razón, es imposible volver a disfrutar igual de esas películas de la infancia. Pero ahora, puedes disfrutar con cantidad de musicales. Para ello, te recomiendo la serie Glee. Aunque seguro que ya estás harta de oír hablar de ella. O la amas, o la odias. No hay término medio.

Tita dijo...

Jajaja... ¿Mary Poppins? La visteis quince veces seguidas, me aprendí las canciones y todo de tanto oíros. Y la sigo disfrutando como antes. Pero eso es un privilegio que tenemos unos pocos ;P