sábado, 10 de diciembre de 2011

Cine, Arquitectura, Arte e Industria

Hace un par de meses terminé el libro La Arquitectura del Cine. Estudios sobre Dreyer, Hitchcock, Ford y Ozu. Es un libro de ensayos sobre los distintos estilos cinematográficos de estos directores y su forma de componer los elementos en el plano. El prefacio del libro lo firma Miguel Marías y, en unas breves líneas, establece algunas semejanzas entre los arquitectos y los directores de cine. Respecto al objeto que ambos crean, dice: "... desde el punto de vista de un espectador es indudable que una película va a ser nuestra casa, el edificio espacio-temporal que vamos a habitar durante diez, cuarenta, ochenta o ciento veinte minutos..."

De hecho, es habitual utilizar la expresión "construir una película", refiriéndose a la forma de encuadrar, de situar a los personajes, las líneas de fuerza y, en la post-producción, de introducir el sonido y la música para crear un ambiente o transmitir una sensación. El sentido de las palabras de Marías es más profundo que esta acepción de "construir" tan técnica, y se refiere a algo más experimental, creo yo, pero no quiero detenerme ahora en eso así que continúo en esta línea.


También se suele utilizar la palabra "construir" entre los guionistas al hablar de los personajes o la trama, que se van perfilando poco a poco según la "estructura" y que - si uno quiere escribir una buena historia - deberían ser "sólidos", "firmes" y estar "bien sustentados" para que no se "caigan".

Gracias a la película El Manantial, filmada en 1949 por King Vidor, me he dado cuenta de que la arquitectura y el cine tienen aún más en común. El Manantial cuenta la historia de Howard Roak, un talentoso arquitecto, interpretado por Gary Cooper, a quien le encargan construir un edificio por una gran suma de dinero. Cuando presenta su proyecto, es rechazado por su estética rompedora y vanguardista. El público no aceptaría algo tan arriesgado , así que le sugieren a Roak que cambie su proyecto por algo más clásico y popular (¿os suena de algo, guionistas?). Roak renuncia al dinero; prefiere trabajar como picapedrero antes que cambiar una sola de sus ideas. Entonces conoce a la inteligente y fría crítica de arte Dominique Francon (Patricia Neal) que, por primera vez, se enamora: de Roak y de su obra. Sin embargo, la historia de amor se complica, ya que ella está prometida con Gail Wynand (Raymond Massey), un magnate sin escrúpulos dueño del periódico más popular y sensacionalista de la ciudad, al más puro estilo W.R.Hearst, que se ha propuesto destruir al arquitecto.

Los edificios que aparecen en la película son impresionantes, están inspirados en los de Frank Lloyd Wright y ayudan a reflejar los sentimientos de los personajes: el despacho imponente de Wynand o la casa sombría y fría de Dominique, por ejemplo. La película tiene un claro contenido político y social, defendiendo la libertad del individuo frente a la masa. Especialmente en el discurso final (sí, hay discurso, y demasiado largo para mi gusto), pero también en las confrontaciones entre Roak y los empresarios o sus compañeros de profesión que tratan de presionarle para que cambie de idea y se doblegue a las exigencias del público o el "mercado". Incluso la misma producción cinematográfica es un ejemplo de esto: la guionista, Ayn Rand, adaptó su propia novela y le gustó tan poco el resultado final del film que - se dice - llegó a afirmar: "lo único bueno de esta película es que hará que más gente lea la novela" y nunca más trabajó para Warner Bros. La industria es difícil.

Por eso, El Manantial es una película que, aunque tiene ya 60 años, continúa vigente, hace pensar y, sobre todo, ayuda a todos aquellos cuyos trabajos combinan la creatividad con la industria, como los directores de cine y los guionistas.

Dejo aquí algunas líneas de la película que me parecen brillantes.(Más aquí)


Peter Keating: But it's a humanitarian project. Think of the people who live in slums. If you can give them decent housing, you can perform a noble deed. Would you do it just for their sake? 
Howard Roark: No! A man who works for others without payment is a slave! I do no believe that slavery is noble. Not in any form, nor for any purpose, whatsoever! 

Dominique Francon: I wish I had never seen your building. It's the things that we admire or want that enslave us, I'm not easy to bring into submission. 

Howard Roark: Man cannot survive except through his mind. He comes on earth unarmed. His brain is his only weapon. But the mind is an attribute of the individual, there is no such thing as a collective brain. The man who thinks must think and act on his own. The reasoning mind cannot work under any form of compulsion. It cannot not be subordinated to the needs, opinions, or wishes of others. It is not an object of sacrifice. 

Ellsworth Toohey: I feel it is my duty to offer you my advice. 
Gail Wynand: Whom do you recommend? 
Ellsworth Toohey: The rising star of the profession, Peter Keating. No other architect can equal his ability. That Mr. Wynant, is my sincere opinion. 
Gail Wynand: I believe you. 
Ellsworth Toohey: You do? 
Gail Wynand: Of course, but Mr. Toohey, why should I consider your opinion? 
Ellsworth Toohey: Well, after all, I am the architectural critic of The Banner. 
Gail Wynand: My dear Toohey, don't confuse me with my readers! 

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