sábado, 12 de noviembre de 2011

Roma III. Festival Internacional de Cine

El auditorio donde se celebra el Festival
Durante los días que pasé en Roma (y que os vengo contando e ilustrando) se celebraba el Festival Internacional de Cine, del 27 de octubre al 4 de noviembre. No era el objetivo de mi viaje estar en el Festival pero en cuanto tuve un hueco, me pasé por allí. Solo pude estar la mañana del 3 de noviembre, cuando estaba a punto de clausurarse, y me dio tiempo a ver un par de cosas.

La primera: Dead Men Talking (Robin Newell, 2011) . Es un documental de 60 minutos sobre un programa de la televisión china que está arrasando en el país con millones de espectadores cada semana. El formato del show es muy sencillo: entrevistas a los condenados a muerte días, horas, e incluso minutos antes de la ejecución. Teniendo en cuenta la crudeza del tema, la controversia que pueden suscitar estas imágenes y el fuerte impacto que Dead Men Talking está teniendo entre la juventud china, me parece que el documental es algo superficial. Todo está visto desde el punto de vista de su presentadora, una glamourosa estrella de la televisión que nada en la abundancia y que considera sus entrevistas como una verdadera lección de moralidad. Se destaca el valor educativo del programa recogiendo declaraciones de jóvenes que agradecen su existencia porque les es útil para ver las consecuencias de ir contra la ley; de productores que, dicen, no están movidos por el sensacionalismo sino por un afán de educar a la sociedad y de jueces que aseguran que algún día acabará la pena de muerte en China (donde son ejecutados entre 3.500 y 5.000 delincuentes cada año) pero que el pueblo aún no está preparado para ello. 

 El "ambientillo". Era la hora de comer romana, sobre las 13h.
Interpreto que detrás de estos testimonios, de la música hiper emotiva y de las imágenes de familias desechas en lágrimas, hay un interés de sacudir al público para que se dé cuenta de hasta qué punto pueden llegar algunos reality shows. Supongo que es una invitación a que el espectador reflexione sobre lo que está viendo, sobre qué es la justicia y qué es la televisión, porque en el documental mismo no aparece ninguna crítica ni idea clara. Excepto una, creo yo: todos los condenados a muerte son pobres. Inevitablemente, viene a mi memoria la frase de Sean Penn en la película de título similar, Dead Men Walking (enlace al trailer): "no hay condenados a muerte con dinero". 

 La alfombra roja que pisaron Martin Scorsese, Pe y Richard Gere, entre otros. 
Yo también. 

La segunda: una exhibición en homenaje a Pasolini, poeta y cineasta italiano. Lo que más me gustó es que la exhibición tenía lugar en un garaje. Después de atravesar todo el auditorio, encontrabas una puertecita, que era la entrada al parking. Ahí mismo un cartel decía "Pier Paolo Pasolini". Al cruzar la puerta, cuando aún seguías pensando que estabas equivocada, que no podía ser ahí una exposición, veías esto:

Una escalera y la pared cubierta con un enorme collage de todos los carteles de sus películas. La escalera daba a la exposición. Dentro, todo estaba a oscuras, iluminado solo por una luz azulada y blanca, que provenía de algunos focos y de las películas que se proyectaban en la pared. Imágenes de Acattone, Terzo Mondo (Tercer Mundo, un documental sobre África), La Dimensione Del Sacro, de Roma y fotografías de su vida. 
En medio de la sala, la obra de la pareja de escenógrafos Dante Ferretti y Francesca Loschiavo en homenaje al director con el que Ferretti trabajó en Medea. Una máquina de escribir de la que sale una enorme nube de papeles, guiones, poesías, manuscritos, símbolo (no muy sutil pero efectivo) de la enorme producción literaria, política y artística de este intelectual.
El lugar y la ambientación de esta exposición me hizo reflexionar sobre la naturaleza de los museos. No deberían limitarse a mostrar el trabajo de un creador sino colaborar para que la recepción de la obra sea también una verdadera experiencia artística.

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