miércoles, 5 de octubre de 2011

Vila-Matas. Espacio. Pensamiento.

Hoy en su columna, Vila-Matas habla sobre la "epifanía", ese momento de revelación que asalta, principalmente a los artistas y sabios, después de un largo trabajo y que suele darse en lugares muy concretos, habitualmente alejados del mundanal ruido.
La columna lleva por título "Lugares para pensar" y termina con una leve crítica a nuestro mundo, en el que - considera el autor- faltan espacios para el pensamiento, lugares donde recluirse a solas con uno mismo.
Entiendo lo que dice Vila-Matas, suscribo sus argumentos y comparto esa necesidad de "hibernar" de vez en cuando. Pero da la sensación de que hay que irse a una cabaña para poder pensar. Quizá para genios como Wittgenstein o Salinger fuera así pero, ¿qué pasa con nosotros, pobres mortales?

Supongo que cada cual tendrá su espacio. Y supongo que cada espacio dependerá también del momento en que uno se encuentre, del tiempo, podríamos decir, y podríamos indagar más aún en esa relación espacio - tiempo, tan, tan interesante. Sin embargo ahora no toca.

¿Cuál es mi espacio para pensar? Me vienen dos lugares a la mente: la iglesia y los museos. Lo de la iglesia era bastante evidente porque se crearon, en parte, para eso. Lo de los museos... ya es más controvertido porque ¿realmente se puede alcanzar algún tipo de elevación en un museo masificado, donde la gente cuchichea, habla por el móvil, se hace fotografías junto a los cuadros poniendo caras "graciosas"..? ¿Qué parte de nuestro cerebro trabaja en un museo? ¿Se puede aprender? ¿Y en una iglesia? 

Son edificios que... no son fábricas. No son viviendas. ¿Ocio? Me parece rebajar su función. Lo que encuentro en común es que ambos invitan a la contemplación, al silencio y, sobre todo, a la humildad. Son como oasis en medio del desierto. No, al revés, como oasis de desierto en mitad de la ciudad. 
Como veis, sigo pensando. 


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4 comentarios:

Alfonso Sevilla dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alfonso Sevilla dijo...

La mayor "revelación" que he tenido fue el verano pasado. Estuve casi una hora observando hasta la última pincelada de "La cena de Emaus" de Caravaggio en la Nationall Gallery.
Creo que cuando contemplas de manera serena la perfección, ésta es capaz de aislarte, ya estés rodeao por las siete plagas o por un ejército de guiris armados de audioguías.

Raquel dijo...

Marina, precisamente este finde he estado en un seminario en Chillida-Leku viendo la relación (y reflexión) espacio-temporal que tiene la obra de Chillida por influencia de Heidegger... cuando quieras hablamos de esto (y de todo lo demás).

Un abrazo!

Marina Pereda dijo...

Alfonso, creo que mi mayor revelación en un museo fue cuando vi el Guernica en el Reina Sofía, y eso que también había bastante gente. Creo que tienes razón, una verdadera obra de arte es "indestructible".

Y, Raquel, lo que dices de Heidegger me parece super interesante. Justo terminé hace un par de días un libro que se llama "Fundamentos de Estética y Estética de la Imagen", de Jorge Ucatescu, muy interesante y para principiantes frikis como yo que menciona bastante a Heidegger y su interés por el espacio... así que me vienes como anillo al dedo. En el próximo café (será pronto), traéme un libro, ¡por favor! algo así como "Heidegger explicado a los niños", con mogollón de dibujitos o algo para no perderme... tipo cómic. un abrazo! ;)