jueves, 13 de octubre de 2011

Relato


Dobló la esquina de la página y se dio cuenta de que las hojas ya no eran hojas, de que aquel libro negro ya no era un libro y sintió que todo se había desintegrado, que quizá era la última vez que volvía a ver el mundo como siempre lo había visto, que las yemas de sus dedos ya no tocarían la superficie de las cosas con la misma intensidad, que los olores ya no le traerían las memorias de antes, como si todas sus sensaciones previas, su conocimiento del mundo desapareciera de pronto. Y no sabía cómo iba a ser a partir de ahora.

Un agujero negro se abrió en el suelo y empezó a desintegrarse. Y se vio a si misma desde el borde del agujero mirando hacia abajo como si buscara algo en el fondo del pozo, moviendo la cabeza de lado a lado, bordeando el pozo, viéndose en el agujero, cayendo, sin fondo, sin suelo, sin nada.

Fuera, apareció una columna de petróleo que ascendía hasta el cielo. Una nube negra cubrió el cielo y la casa y todos gritaban como si aquel petróleo significara algo, como si aquel líquido apestoso, denso, pegadizo fuera a solucionar algo mientras ella caía. Fuera todos seguían gritando, sin que ella pudiera moverse, sin que ella pudiera hacer nada más que seguir cayendo.

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