viernes, 28 de agosto de 2009

A punto de irme

Escribo con toda la rapidez que me permiten mis dedos. Golpeo el teclado con decisión y prisa, sobre todo prisa. Espero no cometer demasiadas erratas... Ha llegado el momento. Me voy. Se acabaron las vacaciones para algunas desafortunadas y, después de estar dos meses pensando cómo me despediría de ellas desde el blog, va la inspiración (la inoportuna de ella) y aparece en el peor momento, cuando mi madre está desesperada haciendo la comida del fin de semana, mi hermana histérica pensando qué ropa meter en la maleta y yo, angustiada por lo que se me viene encima. Tercero de carrera. Dios mío. Me tiemblan hasta los dedos de los pies.
Vuelve esa sensación... la de no haber realizado ni la mitad de las cosas que puse en mi "lista de cosas que hacer cuando tenga tiempo libre"; vuelve la imagen de las maletas apiladas junto a la puerta, con todas las experiencias de estos dos meses empaquetadas; los abrazos que, en el momento de darlos, resultan rutinarios y que luego echas de menos, y pienso en lo que no tendré ya (pan del día, café hecho cada mañana, alguna bronca de vez en cuando) y en lo que sí tendré (examenes, facturas, pilas de platos). Todo eso vuelve, porque yo me voy.

3 comentarios:

Rubén Pereda dijo...

Ánimo: en realidad va a ser peor de lo que piensas.

Raquel dijo...

Me quedo con "los abrazos que parecen rutinarios y luego echas de menos".

Te espero.
Un abrazo!

mina dijo...

Muchas gracias Rubén, siempre ayuda pensar que no eres la más ceniza del mundo. Haces, incluso, que me sienta optimista.

Me alegro de que te haya gustado la frase, porque a mi me parecía algo ñoña... y me lo sigue pareciendo... pero ya intercambiaremos opiniones cara a cara dentro de poco.