miércoles, 9 de julio de 2008

Si Mafalda levantara la cabeza...

Interrumpo mi crónica de los Sanfermines para hablar de un asunto que me ha traído de cabeza toda la tarde (para mañana se me pasará). Hoy, tras una dura jornada laboral llena de contratiempos y arduo trabajo sin descanso para ganarme el pan de cada día, me he sentado frente al televisor: poderoso medio de comunicación que actúa como espejo y modelador de la opinión pública y las acciones humanas. Practicando el deporte digital del zapping, tan típico de esta estación del año en la cual pocos programas merecen la pena ser vistos durante más de diez segundos, he dado con un culebrón. De los gordos.
Mi conciencia profesional está en pleno desarrollo, por lo que se encuentra en un periodo extremadamente sensible en lo que a cuestiones de comunicación se refiere; evidentemente, al detectar un elemento extraño a mí, como son las telenovelas, han saltado todas las alarmas. Haciendo caso omiso de mi pequeño J.J.Esparza interior, he continuado pegada a la pantalla.
La idea central de la serie se resume más o menos así: "soy una mujer mayor, con hijos y sin marido (las razones no me han quedado muy claras, sinceramente, he llegado a mitad de capítulo, como suele suceder con los capítulos interminables, propios de este género televisivo), he conocido a un hombre joven, atractivo y lleno de vida, del que me he enamorado porque está junto a mí mientras yo envejezco y me hace rejuvenecer". Toma ya. Ahí queda eso.
Con este emotivo argumento, se desarrolla toda la trama.

Y yo me pregunto varias cosas:
1. ¿Cómo no se ha levantado el feminismo en armas contra esta esclavitud de la mujer que reconoce que, para sentirse realizada, deseada y bien consigo misma, necesita un hombre a su lado? ¿No se basta una y se sobra para ser feliz? Incoherencias de un feminismo mal entendido.
2. ¿Qué clase de manía histérica tiene todo el mundo con eso de la edad? En serio, las niñas de diez años sueñan con tener veinte, las de veinte se comportan como si tuvieran catorce y la adolescencia se alarga hasta los treinta y cinco tacos, mínimo. Así que cuando una llega a los cincuenta y pico, como la protagonista de este culebrón, ha sido incapaz de madurar y, por supuesto, de asumir su edad.
3. ¿A quién va dirigido este programa? Ahí radica la cuestión, desde mi punto de vista. No es para las adolescentes enamoradizas que pierden el tiempo en vacaciones (entonces, televisarían algo más al estilo de "Pasión de Gavilanes"), no, es para la ama de casa media sin mucho criterio, pero con mucho tiempo libre, que no sabe qué hacer de cuatro a seis de la tarde. Y, ante quienes piensen que critico a estas señoras, que pueden hacer lo que les de la gana con su tiempo, alego en mi defensa que esto no lo digo yo. Lo dice la publicidad: Pastas Gallo, anunciadas por Silvia Jato rodeada de venga de mujeres; Algasiv, para la dentadura postiza, anunciado por una señora ya entrada en años, supermercados, cremas anti edad...
Al fin y al cabo, los publicistas tienen un único objetivo: vender. Y para ser eficaz uno debe regirse por los datos, por la realidad constatable de la audiencia, y dejarse de rollos de políticamente correcto o incorrecto. ¿Se entiende adónde quiero llegar? Estamos ante una incoherencia terrible: por un lado, se lleva la "super woman" que no necesita un marido para ser feliz ni para educar a sus hijos, y levantamos la voz y el puño para defender esta valiente actitud. Al mismo tiempo nos muestran a una señora lamentándose de su soledad sin un hombre, y nos parece algo perfectamente comprensible. Por otro lado, se habla de un amor sin fronteras de ideologías, de sexos o de edad, de "todo da igual, todo es lo mismo, somos una masa uniforme". Pero los anuncios no venden eso, sino que su público objetivo es muy específico, está analizado y estudiado por expertos, es tan concreto, tan concreto, que podríamos hacer un retrato robot (a veces, aparecen raras excepciones como yo: gente aburrida y deseosa de criticar que ve estos culebrones).
Gracias a Dios, el mundo lo mueve el dinero. Está tan valorado que la gente es capaz hasta de decir la verdad por conseguirlo. Lo que se hace por un par de duros.

1 comentario:

Gabriel Syme dijo...

Muy interesante... lamento no poder añadir ningún dato sobre el culebrón en cuestión, pero es que no suelo ver la tele a esas horas...