martes, 8 de julio de 2008

¡que viva, que vivá!

El cielo de Pamplona se iluminó durante veinte minutos, llenando de luz a toda la ciudad. Los fuegos artificiales del 7 de Julio no defraudaron. Sorprendentes. Quizá sea este el mejor adjetivo para calificarlos. Cuando parecía que ya estaba todo inventado en el mundo de la pirotecnia y que la única posibilidad de innovación podía consistir en distintas combinaciones de las mismas herramientas, un valenciano con un par de cerillas crea algo totalmente original: cohetes que suben y bajan como si tuvieran vida propia, chorros de fuego que emergen del suelo para deshacerse entre las nubes y una memorable traca final llena de color.

Más de cuatro aplausos durante la exhibición, más de diez gritos de exclamación y más de mil bocas abiertas se mereció este espectáculo sin comparación. Un exitazo. Tiene muchas papeletas para quedar entre los finalistas de este año. Sus rivales lo tendrán difícil, muy difícil.

Por si no lo habéis detectado, este ha sido un intento de escribir con estilo más periodístico. Sigo pensando que no es lo mío (tengo una ligera tendencia a la exageración), pero está bien para pensar de vez en cuando y cambiar un poco...

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