miércoles, 16 de julio de 2008

Pobre de mí

Aunque debería haberse escrito el 14 de Julio, fecha en la que finaliza la fiesta de San Fermín, no fue posible. Así que procedo a relatar, tras días de lágrimas incontenidas, lo que ha supuesto para Pamplona en general y para mí en particular, el canto del "Pobre de mí".

Cuando salí aquella calurosa noche, nada parecía indicar los sucesos tan trágicos que, en apenas unas horas, se sucederían ante mis propios ojos.
El paso del tiempo, inexorable, hacía mella en el ánimo y la vestimenta de los ciudadanos: el rojo y el blanco, que tiñeron las calles de Pamplona durante una semana, poco a poco se iban diluyendo. No todo el mundo fue capaz de presenciar los coletazos agónicos de las fiestas que tocaban a su fin.
Los fuegos, normalmente alegres, aquel día sonaron a despedida. Cada petardazo era una puñalada, una lágrima suicida, un adiós. Cuando se apagaron las luces del cielo y cayó al suelo el último palitroque chamuscado, todos los sanfermineros comenzaron a caminar hacia el Ayuntamiento.
Allí, rompiendo con entrecortada voz el silencio, la alcaldesa gritó: "¡Pamplonesas, pamploneses, han acabado las fiestas de San Fermín!"
El viento impetuoso y cálido del catorce de julio agitó los pañuelos que ondeaban al viento, despidiéndose un año más.

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