viernes, 25 de abril de 2008

¿quién lo diría?

Increíble. No me lo creo ni yo. Con la de cosas que tengo que hacer y aquí sigo, fiel al blog. Espero que mi/s lector/es se de/n cuenta del valor que tiene este pequeño velero que empieza su travesía, navegando por la red (vaya horterada, se la dedico a todos los informáticos, que será lo único "poético" que lean en mucho tiempo. Va por vosotros.)
Hoy os cuento otro de mis descubrimientos: el deporte. Puede que no suene demasiado original, lo descubrieron los griegos, ya lo sé... pero son las nueve y media de la noche y hay hambre. El caso es que, entre estudios, clases, leer, actualizar el blog, escuchar música y ver películas, una se pasa el día sentada, y conviene hacer algo de ejercicio de vez en cuando. Sí, yo también era de esas que decía: "bah, eso es para los chicos, que les das una pelota y ya están tan contentos, lo mío es tomar cafés", pero resulta que no. No del todo. El ejercicio hace que te concentres tanto en el juego, en un punto fijo como puede ser la pelota, en darle con la raqueta o encestar en la canasta, que te olvides del resto. Por eso despeja tanto, y por eso los hombres son tan descomplicados, porque se pasan la vida jugando al fútbol y hablando de fútbol. Ahora todo cuadra. Conocemos vuestro secreto.

1 comentario:

Gabriel Syme dijo...

No es para tanto, chica... Me alegra que hayas descubierto la teoría del deporte: ¿para cuándo la práctica?