miércoles, 23 de enero de 2008

Esperanzas

Era el más temido y el más esperado al mismo tiempo. Cuando llegó, muchos no supieron cómo reaccionar. Con los ojos bajos y la barbilla alta, trataron de hacerle frente. Más de doscientas manos empuñaron sus armas y, frunciendo el ceño, hicieron acopio de las pocas fuerzas que el hambre, la fatiga y las largas jornadas sin descanso habían mermado. Al recibir el primer golpe, se hizo el silencio.
La batalla parecía no tener fin; en los útlimos recovecos de la mente, agazapados, se escondían los villanos enemigos. Otros, montados en sus briosos corceles, duraban un sólo instante. No había tiempo que perder, verlos, derribarlos de sus monturas y destriparles era una única cosa. Hasta el último detalle había de ser controlado. Algunos, insensatos, se mostraban tal cual ante la atónita mirada del ejército: sin escudo ni protección, paseaban despreocupados por las peligrosas llanuras.
Las víctimas eran innumerables, en ambos bandos. Volvió el silencio.
Ella, escondida, nerviosa y esperanzada, aguardó hasta el anochecer. El desenlace, dichoso o trágico, estaba cerca por fin.

Ya he hecho el examen de economía.

2 comentarios:

Gabriel Syme dijo...

Mucho ánimo... parece que fue bastante bien; por lo menos te ha dado para escribir algo.

Tita dijo...

y... ¿Cómo es exáctamente eso de los ojos bajos y la barbilla alta?¿Has probado a hacerlo?
Un beso, tesoro.