viernes, 9 de noviembre de 2007

Tiempo muerto.

Igual que los relojes de Dalí en un desierto, así se derriten nuestras horas en la vida. Perder el tiempo se considera una irresponsabilidad, una falta de orden y denota poco interés por prosperar, pero a mí siempre me ha parecido un arte. El arte no es productivo, no tiene un fin concreto sino el simple hecho de ser y estar ahí. Como los relojes de Dalí. Y es un arte que, injustamente, está quedando en el olvido.
Hoy en día, el tiempo se considera una posesión, un bien de lujo, como una perla preciosa, que hay que conservar intacta y aprovechar al máximo. ¿Qué es el tiempo? una sucesión de segundos, minutos, horas, días, que está desapareciendo. Hoy todo es inmediato: la comida precocinada, el fotomatón, el metro... y yo echo de menos ver la vida pasar desde la ventana, sentarme en un banco a observar palomas, contar los copos de nieve y hacer crujir las hojas secas.
El tiempo agoniza. La concepción temporal ha cambiado, lo eterno es impensable. Fugaz, ya, rapidez, son palabras duras y limitadas, que no dejan espacio a la imaginación, sin huecos libres ni recovecos donde la mente se expanda. Disfrutemos de los últimos retazos de tiempo que aún nos quedan, perdamos el tiempo, un rato todos los días, aunque sea entre clase y clase. Quizá conseguimos que sobreviva.

3 comentarios:

Merak dijo...

Comentarios, el jueves... eso sí, no es *hacer de menos*: debería decirse *echar de menos* y, por tanto "echo de menos"

Tita dijo...

Me gusta, es una reflexión muy propia tuya. ¿Cuentas los copos de nieve? Eso sí es velocidad.
Besos

Merak dijo...

Increíble profundidad... cargada de sabiduría que envidiaría el mismo Coelho (sin ánimo de ofender). Creo que lo podré incluir en un capítulo de la tesis.
Aparte de eso, me ha gustado, está muy bien escrito.