lunes, 7 de diciembre de 2015

Aquel amor

            Acordonaron la zona
donde el acordeonista
y la corista
cantaban cada mañana.
Pusieron papel celofán
y unas vallas
para proteger
(para embalsamar)
aquel amor
tan único
tan bello
tan cotizado
tan turístico
que pertenecía,
sin duda,
al pueblo.

martes, 27 de octubre de 2015

Sidecar, de Nerea Pallares

El próximo 29 de octubre a las 20.30h la escritora y amiga Nerea Pallares presenta su libro Sidecar en la librería La Caníbal en Barcelona. Este primer libro de la autora ha alcanzado su segunda edición, está publicado por Ediciones Oblicuas y puede comprarse online. Es una recopilación de relatos cortos que exploran el tema de la cotidianidad y las relaciones humanas a través de una mirada irónica, a veces amarga, que crea una atmósfera de desencanto donde podemos reconocer la voz de una época.

Aprovechando la excusa de la presentación en esa Barcelona tan encantadora y tan desencantada, he decidido hacer una entrevista a Nerea para intentar emular alguna de nuestras conversaciones (con cerveza-beer) en las placitas de Gràcia. Aquellas conversaciones en las que, como hace Nerea en Sidecar, mirábamos nuestro día a día con los ojos de quien no pierde detalle. Como si nos fuera la vida - o la escritura - en ello.


Los relatos que presentas en Sidecar son una recopilación de narraciones que has escrito en los últimos años. ¿De qué año es el relato más antiguo? ¿Cuándo comenzó el proyecto de Sidecar?
El relato más antiguo es del 2012 pero el resto de narraciones que componen la obra fueron escritas, por lo general, a lo largo de los últimos dos años. Sidecar no fue concebido como un proyecto concreto y previamente definido, sino que, como antología, ha ido tomando forma de manera imprevista, flexible y espontánea, siempre permeable a las necesidades expresivas a las que cada relato respondió en un momento determinado; ya que, como obra iniciática, supongo que es inevitable encontrar reflejado en ella, en parte, el proceso de experimentación y búsqueda de una voz narrativa propia.

¿Por qué has decidido publicar ahora el libro? ¿Qué circunstancias te han llevado a decir “este es el momento de publicar”?
Más que una decisión ha sido una oportunidad. Fue la propia editorial quien me ofreció la posibilidad de publicar el libro después de conocer los relatos a través de su concurso literario. Supongo que ese “momento de publicar” es simplemente aquel en el que te apetece compartir las narraciones que dan vida a tu modo de comprender y hacer literatura en ese instante, aun siendo consciente de que esa visión personal cambiará —y además creo que es lo deseable— con el paso del tiempo y que lo que escribas en los siguientes cinco, diez o quince años, tenga ya muy poco que ver con lo anterior. Sin embargo, creo que es muy interesante observar ese proceso y publicar te da la oportunidad de hacerlo visible.

En alguna entrevista has dicho que uno de los temas que recorren tu libro es la precariedad, “que va más allá de una precariedad laboral para convertirse en una precariedad emocional”. Me llama particularmente la atención la manera en que tratas la crisis de los vínculos familiares (en “El almuerzo”, por ejemplo) y de la amistad (en “Peces y pájaros”). ¿Qué crees que está pasando con la manera en que nos relacionamos actualmente?
Creo que de algún modo la precariedad se ha convertido en un signo epocal, trascendiendo el plano de lo profesional —una precariedad de la que se ha hablado ya hasta la saciedad pero sin llegar a hacer efectiva todavía ninguna solución real, por cierto— hasta llegar a lo emocional, debilitando la fortaleza de los vínculos humanos y las referencias necesarias que nos permiten saber quiénes somos, y haciéndolos cada vez más efímeros y vulnerables al cambio impredecible que dicta un entorno acelerado y muchas veces kamikaze. Y claro, este tipo de precariedad —de las relaciones interpersonales, de la identidad, de lo espiritual— no es un asunto de Estado, así que no está en el discurso informativo ni en ningún tipo de circuito oficial. Y tal vez sea mejor así, por el momento, para que la propuesta de alternativas no se contamine. Por suerte, se le presta atención desde el arte, la filosofía, la sociología... desde todas aquellas disciplinas que piensan, verdaderamente, lo humano. Pero no quiero sonar tremendista; muy al contrario, creo que toda crisis es, en realidad, un síntoma y una oportunidad. Una señal de que no estamos en el camino correcto y, por consiguiente, la posibilidad de hacer un ejercicio de escucha, autocrítica, redefinición y cambio.
























Considero que Sidecar es un libro contemporáneo, en el sentido de que se dirige claramente a personas de nuestra edad, pero también a quienes hayan tenido ciertas experiencias vitales, como ese “éxodo” que se está produciendo hacia países como Reino Unido, Irlanda, Alemania… en busca de algo que no encuentran en España. Estoy pensando en el relato “Cork y las burbujas”. ¿Cómo fue tu experiencia en Cork? ¿Qué piensas sobre esta especie de exilio que estamos sufriendo desde hace años?
Supuso la oportunidad de vivir el exilio actual en primera persona, poco después —por cierto— de que Marina del Corral hiciera aquellas declaraciones tan divertidas en las que aseguraba que los jóvenes emigraban por espíritu aventurero. Aprendí mucho de la experiencia; conocí a muchos expatriados de todo el mundo a los que tal condición les había vuelto, también, un poco “apátridas” al tener vetada la posibilidad de establecer, una vez más, una referencia sólida y perenne con respecto a un lugar y a un núcleo de sentido. En mi caso, yo considero que sí tengo un espíritu aventurero y que probablemente habría vivido igual en el extranjero aunque la situación económica fuese favorable. Pero una cosa es viajar por curiosidad y ganas de conocer otras realidades y otra muy distinta es hacerlo obligada por las circunstancias. El único nombre para eso es exilio —aunque un exilio silencioso, atípico y al margen de las estadísticas— que se hace siempre por necesidad y no por voluntad y ante lo cual no podemos obviar lo evidente de la realidad; que el sistema actual nos arrebata la libertad positiva, la capacidad de elegir. El aprendizaje más importante que me proporcionó la experiencia es que las únicas actitudes que no pueden tener cabida ante esto son la indiferencia y la resignación.

Un motivo recurrente en tus relatos, que me ha llamado la atención, es la imagen del pájaro. ¿Por qué esta imagen? ¿Qué representa para ti?
Es una imagen polivalente, con diferentes implicaciones según el relato del que se trate; pues el aspecto simbólico de los pájaros de “Jaula para canarios”, de los que se dice que “las aves encarnan todas las posibilidades, son lo más parecido que conozco al infinito”, difiere del significado del pájaro sin cabeza que, en “El almuerzo”, yace en el patio, picoteado por las moscas, mientras los comensales permanecen indiferentes, salvo aquel que tiene “un pájaro atascado en la garganta”. Lo que los une, efectivamente, como motivo recurrente —y casi obsesivo— es su cualidad de llamar la atención sobre algún aspecto de lo humano y del entorno que había pasado desapercibido. En Sidecar, los pájaros acuden para desnaturalizar lo cotidiano y volver a llamar la atención sobre algún matiz oculto u olvidado. 

Siguiendo con las imágenes, en tu estilo narrativo es muy frecuente que encadenes imágenes una detrás de otra como en una sucesión de fotografías. He escuchado que de pequeña, antes de escribir, solías dibujar viñetas. ¿Cómo es tu proceso creativo, qué te inspira y qué detalles suelen llamar tu atención en el día a día para luego incorporarlos a los relatos?
Lo que me interesa de ciertas imágenes —literarias o no— es la capacidad evocativa y la posibilidad de sugerir en lugar de mostrar. No me hago muy consciente de mi proceso creativo —si es que se le puede llamar así y existe como tal—, pero sé que lo que me inspira es conocer todo tipo de situaciones, ambientes y personas que contrasten con la realidad ya conocida, que me permitan comprender lo diferente. Lo que me mueve es siempre la curiosidad.

Sé que estás haciendo una investigación académica sobre el tema del absurdo. ¿Por qué no es absurdo escribir? ¿Qué sentido le das actualmente a tu actividad literaria?
Está relacionado con lo anterior. Lo que me inspira —y además me divierte— es, precisamente, aquello que es aparentemente ilógico, en ocasiones surrealista, que irrumpe de pronto para hacer que nos replanteemos el sentido del orden imperante. La literatura, como el absurdo, reinventa y crea nuevas realidades. A mí me ofrece la posibilidad de configurar un imaginario y una mirada en la que reconocerme, por lo que, de alguna manera, escribir es dar sentido.

sábado, 29 de agosto de 2015

Mondrian

Circunscribir, acotar, seleccionar, agrupar, limitar.
Esto dentro y esto fuera.
Dibujar una línea,
fina o gruesa,
pero clara.
Que separe las excusas
y las razones.
Lo que dices por el whats app,
lo que dices a la almohada
los motivos que se encierran
en tus silencios tensos.
Buscar espacio es difícil
en un mundo lleno de cuadros.

Composición con rojo, amarillo y azul.
Piet Mondrian, 1921

martes, 11 de agosto de 2015

Una secuencia

Así de discreto es el miedo, se acerca despacio y parece que no tiene nada que ver contigo. Ignoras de dónde ha salido. Quizá no es miedo - susurras, esperas, deseas - quizá es solo curiosidad. El miedo aterra y es atractivo al mismo tiempo; lo rechazas y te hipnotiza. Es la certeza de que hay un peligro. Traspasar un límite. No sabes si salir corriendo o ponerte más cerca y ver qué pasa. Te mantiene alerta, paralizado. Pero basta un mínimo cambio, una ligera sospecha, para que se active el instinto de supervivencia y algo desde las entrañas te grite que debes salir corriendo, alejarte cuanto antes.
Es tan elegante el miedo. No es como lo imaginamos. No es directo ni grosero ni sangriento. Es sutil y delicado, conoce nuestras debilidades y consigue blindar nuestros puntos fuertes. Sabemos que tiene el poder de convertirnos en lo que odiamos. El miedo actúa en el silencio, en la soledad, en el frío y la distancia. Nos mira a los ojos y nos dice: recuerda que sigo aquí.

Secuencia de la película Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick, 1999

miércoles, 5 de agosto de 2015

Señor ten piedad

     Fue dos días antes del alzamiento. Estaba en misa de siete y volvía a prometerme a mí misma que dejaría de ir a esa parroquia porque Felisa aprovechaba como siempre el "Señor ten piedad" para hacer sus gorgoritos con voz quejosa, fingiendo arrepentirse de sus pecados. Cuando entonaba así, entre gemidos, y miraba de reojo para ver si nos estábamos fijando en ella, me daban ganas de levantarme y gritarle que más le valdría cantar menos y penar más, que todas sabíamos que se la daba al marido con el hijo del panadero y eso era pecado de lujuria. Pero no era el momento ni el lugar, así que me pasaba toda la primera parte de la misa intentando no tener malos pensamientos contra la Felisa, que me lo ponía muy difícil y me quitaba la devoción, y me decía a mí misma que tenía que cambiar de parroquia. Ahí estaba, pensando en qué hacer, cuando entró el mozo aquel gritando que habían matado al alcalde a pedradas en mitad de la plaza. Yo me quedé seca, clavada en el sitio, imagínese. El cura salió pitando para allá y la Felisa, que siempre ha sido muy de perseguir hombres independientemente de su estado civil, fue detrás a todo correr sin preocuparse de la dichosa ciática de la que tanto se quejaba desde hacía cinco años. Pero bueno. El caso es que ahí estaba el alcalde, Tomás, tirado en el suelo junto a la fuente, el pobre hombre, con la cabeza chorreando sangre y un cubo en la mano. 

     Se ve que iba el hombre a sacar agua cuando le atacaron los sinvergüenzas aquellos, a nuestro alcalde que era bueno, bueno de corazón, y lo había hecho todo por el pueblo. Ni se casó el hombre siquiera, figúrese, por nosotros, de lo bueno que era. Se ve que se enamoró de Toñi, la hija de un pastor del pueblo de al lado al que llamaban "el Tieso". Pero siendo él como era un hombre de principios y un hombre cabal, cuando se enteró de que la familia de ella solo iba a misa los domingos y fiestas de guardar y no tenían por costumbre rezar el rosario, Tomás dijo que nanai. Así se lo dijo, en el río, una tarde que habían quedado para merendar. Le dijo: "mira, Toñi, yo te quiero pero hay cosas que no. Yo quiero ser alcalde y llevar a mi pueblo por el buen camino. Y hay cosas que la mujer de un alcalde tiene que tener y tiene que haber vivido en casa porque si no, nada, no se pueden fingir porque se nota. Así que nanai." Fíjese usted si era bueno y si quería lo mejor para el pueblo. 


     Cuando le vi en la plaza despatarrado y hecho el hombre un horror, ahí me quedé un rato para ver si me enteraba de lo que había pasado, pero no saqué mucho. Solo oí algo de las tierras del difunto abuelo del alcalde, que en paz descansen los dos, qué tragedia. 

     Como ve, señor policía, yo tampoco es que sepa mucho de los tejemanejes de este pueblo, que una con hacer lo que le toca, que si coser que si lavar que si preparar la comida, ya tiene suficiente entretenimiento. No soy yo de esas que buscan saber. Si lo mataron porque el abuelo del Tomás cambió la valla de la finca para quedarse con tierras del Román y luego el Tomás, por despiste seguramente, nunca volvió a colocar la valla bien, yo no lo sé. Y si las pedradas las tiraron los nietos del Román y los del pueblo no hicieron nada porque le tenían ojeriza al alcalde, yo no puedo saberlo porque no estaba allí. Digo yo que si mataron, sus motivos tendrían pero no sé si ciertos o no. Que si Tomás amañaba los votos y que si habría que poner a otro de alcalde, decían algunos. Y pusieron a uno que luego resultó ser comunista o anarquista o algo así y se lió una gorda en el pueblo. Vaya usted a saber. Yo, de estas cosas, ni idea. Bastante tengo con lo mío. Luego vino el alzamiento y el revuelo. No estábamos para historias ni íbamos las mujeres a la plaza a pasar la tarde. Nos olvidamos del Tomás, de lo triste que era todo y hasta la Felisa dejó al hijo del panadero por pura tristeza, lo dejó al pobre hombre con el corazón roto y el pan seco. Ya me entiende usted, es un decir, eso no lo apunte. Yo no le puedo decir más que estábamos en mitad de una guerra y había que estar a lo importante. Eso sí lo aprendimos bien. Lo mejor es no hablar. Una no ha visto ni escuchado nada, que luego vienen las habladurías y es mejor no remover el pasado, que duelen las heridas y llueven pedradas. Mire si no al bueno del Tomás, que el Señor tenga piedad. Yo solo hablo porque usted me pregunta pero mejor dejarlo aquí. Que pase buena tarde.

miércoles, 10 de junio de 2015

2+2

2+2 son 5, insistía. 2 y 2 son cinco, martilleaba su cabeza.
Pero la calculadora decía 4
y el mundo gritaba 4
y todo funcionaba como si dos más dos fueran cuatro.

Qué diferencia a un loco de un genio,
se preguntaba,
qué extraña convicción mueve al hombre
que le lleva a dejarse la vida
para que todo cambie.

Para hacer que el mundo gire
en torno al sol
y cambiar el rumbo
de la vida de los hombres.


Galileo Galilei